De amarillos, rojos y naranjas

No siempre fui fan del amanecer. En primara y secundaria significaba la tortura total y absoluta: ponerse el uniforme y desayunar a pesar de que aún no tuviera hambre. Todo para llegar a sentarme a una silla de madera color gris y estar ahí 7 hrs seguidas. ¡Gran diversion! No fue hasta que me mudé…
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