De amarillos, rojos y naranjas

De amarillos, rojos y naranjas

No siempre fui fan del amanecer. En primara y secundaria significaba la tortura total y absoluta: ponerse el uniforme y desayunar a pesar de que aún no tuviera hambre. Todo para llegar a sentarme a una silla de madera color gris y estar ahí 7 hrs seguidas. ¡Gran diversion!
No fue hasta que me mudé a la caótica CDMX que aprendí a apreciar la belleza de ver como se despierta una ciudad. Tengo una muy buena amiga que se despertaba a las 5:30 para ir al gym y muchas veces la tache de loca. Hasta que vi que, si no lo hacía, no podría meter todas las actividades que quería para el resto del día.
Entonces me despertaba a las 5:30 a oscuras para ir a yoga. Levantarse era como salir de la tumba, ¡sobre todo cuando hacía frío! Pero conforme tomaba la clase veía la salida del sol, como se despertaban los pajaritos, la gente comenzaba a caminar y hasta el aroma de los árboles cambiaba.
Hoy, afortunadamente, vivo en Mérida y por despertador tengo pajaritos. Los amaneceres siguen siendo increíbles, me encanta despertar y que todo esté en calma. Hasta el cielo pareciera que duerme.
Los colores de la mañana no se repiten durante el resto del día. Amo los naranjas y los amarillos de esa hora como no se pueden imaginar. Ese momento que tengo con el ojo medio cerrado justo antes de empezar cualquier actividad es irremplazable.
Amanece para todos por igual y todos tenemos algo de naturaleza cerca, el chiste es aprender a disfrutarlo donde quiera que estemos y de la manera en la que se nos presente. Ya sea como un rayo cálido de sol dentro de una urbe gris, los primeros rayos de sol que aparecen al horizonte sobre la playa o la humedad que se comienza a evaporar del suelo del bosque. ¿Cómo quiere que les amanezca a ustedes?
María Pérez

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *